Hace ya más de un año, recibí una inesperada noticia que me hizo enormemente feliz: había sido seleccionada por el colegio para participar en el proceso de selección de Becas Europa, programa dirigido por la Universidad Francisco de Vitoria en estrecha colaboración con el Banco Santander. Aquel día, aún no sabía que estaba a punto de comenzar un verdadero viaje personal que me cambiaría para siempre.

Desde el principio, fui consciente de lo tremendamente afortunada que era por poder vivir algo de tal magnitud. Este viaje comenzaba lleno de incertidumbre sobre cómo sería, dudas y miedos por no estar a la altura, sin embargo, nunca fueron superados por la ilusión, las ganas, el entusiasmo, la gratitud, la ambición y la alegría que me producía el camino que empezaba a recorrer. Desde entonces, y entre videollamada y videollamada, han sido largos meses de proyectos en grupo, entrevistas personales, búsqueda introspectiva, debates e investigación sobre diversos temas de actualidad que nos conciernen a todos. A medida que iba superando fases, mi sorpresa y emoción iban creciendo exponencialmente. Me sentía verdaderamente privilegiada de continuar en el proceso, siempre manteniendo la ilusión de quien vive algo por primera vez. Y así, fueron pasando los meses hasta llegar a la última fase de proceso: el esperado fin de semana en Madrid, en el que a los últimos 200 candidatos nos reunían para vivir unos días como verdaderos pre-universitarios, indagando en lo más profundo de nuestro ser y compartiendo todo aquello con jóvenes que compartían los mismos sueños, anhelos y ganas. Un verdadero regalo.
“Sólo tú pero no tú sólo”. Con esta frase comenzó el fin de semana, que comenzaba con las siguientes consignas: dejarse llevar, sorprender y alumbrar por lo que los demás nos ofrecerían. Nos insistieron en que lo más importante era “vivir aquello con la mente abierta, el corazón despierto y dispuesto a darse a los demás, siempre con la certeza de que éramos unos afortunados por vivir algo tan único y excepcional”. Nos reunimos para vivir algo a lo que aún no sabíamos muy bien como ponerle palabras, y que a pesar del vértigo, nos ilusionaba y conmovía. Allí, el tiempo se detuvo y vivimos una verdadera catarsis personal.
Fueron días intensos, en los que tuvimos que presentar en grupo los proyectos que con tanto tesón, cariño y dedicación llevábamos tanto tiempo preparando. Atrás quedaron las pantallas que tantos meses nos habían unido, y pudimos finalmente conocernos en persona. Así, entre clases magistrales, debates, conferencias, entrevistas personales y actividades de convivencia, “redescubrimos la belleza de la simplicidad, el conocimiento y de las relaciones humanas”, estableciendo sólidos vínculos con personas que a día de hoy puedo decir que se han convertido en verdaderos amigos. Sólo nosotros sabemos todo lo que allí aconteció.
Finalmente, tras muchos meses de trabajo y esfuerzo, mi nombre apareció en aquella lista final, era una de las 50 seleccionadas por Becas Europa. Una beca que consistirá en un recorrido por algunas de las mejores, más antiguas y prestigiosas universidades europeas: Bolonia, Cambridge o Lovaina entre ellas. Sin embargo, el verdadero premio nunca fue ese viaje, sino todo lo aprendido y vivido en el proceso. Lo recibo con todas las ganas posibles y como un regalo de la vida.
Sin lugar a dudas, todo ello nunca hubiera sido posible sin la confianza depositada en mí desde el inicio por el colegio, quienes me brindaron la oportunidad de emprender este camino, el cual decidí abrazar y entregarme de lleno a él. Siempre les estaré enormemente agradecida por apostar por mí desde el principio.
Durante todos estos meses de selección, igualmente numerosos profesores me han ido acompañando, guiando y ayudando en cada uno de los retos que se me presentaban. Su ayuda y apoyo ha sido fundamental, y sin todos ellos, esto no habría sido posible. Gracias infinitas.
Decía Constantino Kavafis en su poema dedicado a Ítaca: “cuando emprendas tu viaje a Ítaca, pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias”, pues al fin y al cabo, lo verdaderamente enriquecedor y transformador es el camino y todo lo que uno lucha por conseguir un objetivo. Mi camino a mi “Ítaca” personal comenzaba con la intuición de que había algo bueno para mí esperándome en aquel lugar. Ha terminado siendo un viaje largo y gratificante, iluminador y apasionante, en el que “yo venía de visita y me quedé”.

Espero algún día poder devolver a Becas Europa, al colegio, a mi familia y al mundo todo aquello que me han dado y enseñado. ¡Gracias!

Irene S, alumna de 2º de Bachillerato

San Luis de los Franceses, colegio católico trilingüe en Madrid