Tras una brillante charla que dio Jaime Buhigas al profesorado el pasado 2 de septiembre, escribíamos en las RRSS que empezábamos el curso «renovados con el siglo XII». Y es que nuestro entusiasta ponente nos recordó con qué provecho los profesores teníamos que saber ver y recibir la profunda sabiduría de siglos pasados, tantas veces enterrada… Dejarnos sorprender por una curiosa imagen de una fachada de la Edad Media y descubrir el mensaje que lleva nueve siglos entregando a los que saben mirar: ¡enseñar no es solo transmitir información!… la verdadera enseñanza toca el corazón y el alma. Lo une todo, todas las asignaturas entrelazadas al servicio de la unificación de toda la persona. De ahí, el papel del teatro, de la poesía, de los clásicos, de la música, etc…en la enseñanza.

Por eso usemos con moderación la palabra «innovación», guinda de todos los discursos de la actualidad sobre la supuesta «nueva educación». Para ser creativos hoy,  quizá deberíamos descubrir de nuevo los genios del pasado. Y ser humilde peregrino, que paso a paso, va avanzando en el aprendizaje como el viajero hacia una tierra aún desconocida. El profesor siempre tiene que investigar, siempre tiene que aprender, siempre tiene que crecer. Ser en la vida romero, empezar siempre de nuevo.

Hoy, como ayer, los ingredientes de una clase de éxito son: entusiasmo y enamoramiento. Para enseñar el amor al conocimiento. Jaime Buhigas  citó a George Steiner cuando describe al maestro como «el auténtico adalid de la paz, de la convivencia y del buen futuro de la humanidad. El maestro es un héroe anónimo… En sus manos está la posibilidad de la supervivencia, de la continuidad de la cultura y del relevo de la civilización. Y todo ello con la dificultad añadida de que su labor es prácticamente imposible: debe enseñar a la vez que aprende, debe crecer a la vez que crece, debe ser profesor sin jamás dejar de ser alumno. La educación es en definitiva un acto a la vez romántico, lleno de pasión y de intuición,  y crudamente realista, de entrega, de servicio a gran escala… Un acto de amor.»
Educar es nuestra pasión, formar nuestro compromiso. Un año más, estamos dispuestos a vivir a tope nuestra vocación educativa con el espíritu San Luis: para formar personas libres y comprometidas, para que siempre «Amour et vérité se rencontrent, justice et paix s’embrassent»!

GC