Si buscas en las noticias de actualidad en la categoría “jóvenes”, no oirás hablar mucho de compromiso con la fe católica. Nada menos de moda que el sacramento de la confirmación. Pero sin embargo, aquí en el colegio el Sábado 12 de Mayo se produjo la culminación de una iniciación, la plena vinculación de 64 jóvenes al “Cuerpo místico” de Cristo gracias a lo que Léon Bloy llamó el “inimaginable advenimiento”, gracias a la recepción en plenitud del Espíritu Santo, gracias -en definitiva- al sacramento de la Confirmación.
En realidad, asistíamos a un paso importante en una relación iniciada cuando nuestros alumnos apenas contaban unos meses de vida y fueron bautizados. No podemos olvidar que la vida cristiana es un camino y un camino se recorre en continuidad, sin saltos espacio-temporales, porque cada paso de ese camino prefigura -en parte- el siguiente.
Este camino, nos enseña el Evangelio (Jn 14,6), es Jesús mismo y el seguimiento de éste es un seguimiento personal, pero no individual; es un seguimiento en comunidad que debe ser cuidado, sobre todo ahora que queda poco para que nuestros alumnos entren a formar parte de comunidades que quizá no estén en consonancia con la “visión cristiana del mundo”, como nos recordó el Ilmo. D. Gil González Hernán, vicario episcopal que administró el sacramento.
Desde la pastoral de San Luis de los Franceses, coordinada por Mme de Calan, insistimos mucho en esta cuestión comunitaria, no por capricho o por elección arbitraria, sino porque la fe es comunión, es “koinonía”. En consonancia con esta realidad fundamental, se organiza todo el colegio (“familia San Luis”) y todas sus actividades, de manera especial todos sus viajes. Es muy grato comprobar la transformación interior que conlleva, tanto a nivel personal como a nivel grupal, un viaje como el que hicieron la mayoría de los confirmados a Grecia poco antes de recibir el sacramento.
Antes de concluir, debemos agradecer a todos los que han acompañado y seguirán acompañando a nuestros alumnos en el camino de la fe: a sus padres, padrinos, familiares y amigos; a todos los profesores y todos los miembros del colegio y a todos los sacerdotes que, con su ministerio han orientado, cuidado y fomentado su fe, su esperanza y su caridad. Es justo hacer una mención especial al padre Enrique Martín, CPCR, que este curso ha acompañado a todos los confirmados de un modo constante y modélico, como “un pastor con olor a oveja”, como dijo nuestra directora Mme Reynier al referirse a él utilizando las palabras del Papa Francisco.




