El 30 de mayo recibió la Primera Comunión mi hija pequeña. Ha sido para mí un día precioso de principio a fin. Amaneció soleado, y con una mezcla de alegría y nerviosismo, nos preparamos para llegar pronto al colegio. Allí, nos hicimos las fotos pertinentes, hasta que nuestra hija fue a reunirse con el resto de niños, que, como ella, estaban ansiosos por recibir a Jesús.
Fue muy bonito verles entrar a todos en la capilla, como es costumbre en los sacramentos que se celebran en San Luis. Siempre me ha generado una gran emoción. Después de un largo año de preparación ¡llega el Gran Día para ellos! Pero también yo, como madre, he vivido con mucha intensidad toda la ceremonia: todas las canciones del coro, tan bonitas y profundas, las lecturas y las peticiones, la dedicación de las catequistas, pendientes de todos los detalles, los momentos de gran recogimiento que ha habido durante la celebración, y en especial, después de la Comunión.
He dado gracias de corazón al Señor por el Regalo que han recibido nuestros hijos y también por el colegio, por todos los que integran esta maravillosa comunidad que es el San Luis de los Franceses, y que contribuyen, con su entrega y buen hacer, a la formación humana y espiritual de nuestros hijos.
Y únicamente pido para estos niños que sean fieles a Cristo durante toda su vida, como dijo el Padre Laurent, en su sencilla, pero a la vez profunda homilía. Ahora nos toca a los padres, seguir acompañándolos en su crecimiento, transmitiéndoles la alegría del Evangelio.
Madre de María Luisa García Samartín