Impacto. Necesitamos un impacto. Lo necesitan ellos, los alumnos, y nosotros, los profesores. La vida de un Colegio lleva asociado un riesgo demasiado peligroso: el tedio, la rutina gris, la “indiferencia taciturna” como dice Rubén Darío, que aniquila toda capacidad de riesgo, de sorpresa, de entusiasmo, de enamoramiento. Es por tanto conveniente que todo centro educativo procure generar espacios y tiempos significativos, que marquen una diferencia en el infierno de lo igual: lugares de encuentro y de descubrimiento; lugares de creación e ideales compartidos.
Desde hace semanas, el Colegio San Luis de los Franceses sufre un trastorno: pruebas de coro, casting de actores, diseños de vestuario, audiciones, coreografías, escenografías, escaletas técnicas, libretos, partituras… alumnos de primaria, de 4º de la E.S.O., de bachillerato… Un ritmo frenético, lleno de imprevistos, que trastocan el día a día de todos los encargados de la organización. ¡Da igual! Para el proyecto todos son valiosos. Todos forman parte del gran equipo, y todos asumen su pedazo de responsabilidad. “¿Cuándo nos toca ensayar?”, “¿Puedo cantar un solo?”, “¿Dónde es la prueba de vestuario?”, “¡No me ha dado tiempo a estudiar mi papel!”. Los pasillos se llenan de nuevos comentarios, de nuevos gestos, de nuevas inquietudes. La autora del texto va repartiendo a deshora nuevas versiones de un diálogo. El profesor de coro se desespera por que suenen correctamente las armonías que compuso a altas horas de la madrugada. ¡Increíble el vestuario que una madre de exalumnos, que no nos abandona, recicla! La profesora de plástica lleva ya doscientas vidrieras que ha hecho con sus alumnos de 5º, que transformarán el gimnasio en toda una catedral gótica… Los horarios se trastornan para que los más de ciento cincuenta participantes, alumnos, padres, profesores, amigos, encuentren su momento adecuado para ensayar. El tiempo corre en contra del montaje y hay que buscar el modo de sacar adelante esta locura, a la vez que se sigue rigurosamente con las programaciones, los exámenes, las correcciones… Seamos sinceros: en realidad, es imposible.
Pero lo hacemos cada año. Somos reincidentes. Y lo hacemos porque sabemos cuál es la recompensa: un impacto. Ya son cinco los autos, que se han representado y en los que TODA la comunidad educativa participa. Los profesores descubrimos talentos, cambiamos la mirada hacia muchos alumnos, compartimos con ellos risas, enfados, frustraciones, complejos, extrañas y nuevas conversaciones. Los padres no quieren perderse esta ocasión única y los más atrevidos se apuntan ilusionados. Los alumnos trabajan en equipo, se conocen, nos conocen, se re-conocen, se esfuerzan por comprender los mensajes complejos de la obra, por estar a la altura del proyecto, por vencer sus miedos, su timidez, sus complejos, la mirada y el juicio de sus compañeros, de sus padres… ¡Asumen riesgos! Porque en el teatro no existen las certezas. Porque en el arte no hay garantías. Porque en la creatividad, como en la vida, conviene atreverse y avanzar hacia lo que, de entrada, desconocemos.
Es un proyecto de todos y para todos porque la plástica, la literatura, la pastoral, la oratoria, las artes escénicas, la música se entremezclan en una amalgama perfecta. Es un proyecto inter e intrapersonal, porque todos nos encontramos y encontramos a otros. Es un proyecto de convivencia, porque estos días somos uno en muchos y muchos en uno.
Falta poco más de dos semanas para el gran estreno de “Las dos coronas: auto del rey San Luis de los franceses”. Con absoluta fe en que el milagro ocurrirá, y con el máximo respeto y reconocimiento a todos los que habéis dicho que sí, el mensaje solo puede ser uno: gracias por el impacto.
Jaime Buhigas