Ana Lorite30 años como profesora de Lengua y Literatura, pero sobre todo ferviente, aunque a sus ojos, poco productiva escritora. Ana Lorite nos habla de su experiencia profesional, de su vertiente literaria y de su vida en una entrevista en la que pudimos comprobar su cercanísima forma de ser.

Pinceladas:
•    “Me encantaría ser una autora de bestsellers mala, pero con mucho éxito”
•    “Cuando veo mis obras representadas siento vergüenza”
•    “Intento reírme 2 o 3 veces en cada clase”
•    “No pidáis perdón por no pertenecer a un canon que no sabemos quién ha decidido que es lo ideal.”
•    “Mi inspiración es juntar imágenes de aquí y de allá”
•    “Gracias a esta obra he conseguido reconciliarme con Santa Teresa”
•    “Hay vocaciones y no lo eliges. Es un poco una desgracia o una suerte, depende de cómo lo mires”.

¿Cómo nace tu vocación de profesora?
Yo es que estaba un poco tarada y jugaba a ser profesora. Además, debe ser algo genético porque mi abuela era maestra y sus hermanas eran inspectoras de educación. Una de mis hermanas nació queriendo ser médico y yo quería ser profesora. Hay vocaciones y no lo eliges. Es un poco una desgracia o una suerte, depende de cómo lo mires.

Imagino que durante estos años habrá habido un montón de anécdotas, ¿Cuál ha sido las más divertida, vergonzosa…?
En principio me divierto todos los días. Normalmente intento reírme 2 o 3 veces en cada clase, también me gusta que haya 2 o 3 momentos muy emocionantes y muchos momentos con mucho contenido. Es casi una escena de un teatro, porque se trata de que los alumnos se diviertan y estén haciendo algo. Cuando entro en una clase siempre me digo “¿Qué haría si esta fuese la última clase que pudiese dar?” y me esfuerzo mucho para que salga bien. Así que no hay una anécdota, es todos los días.

Este año presentarás tu tercera obra de teatro, y nos preguntamos ¿De dónde sacas la inspiración? ¡Porque muchos nos lanzamos a escribir pero luego nos quedamos bloqueados!
¡Es que os hemos engañado! La inspiración es un invento del Romanticismo. La originalidad no existe; de la nada sólo inventa Dios. Mi inspiración es juntar imágenes de aquí y de allá, no un invento desde la nada, es el mismo trabajo que un investigador científico que acumula datos y tiene de repente una idea genial para unirlos todos. Por eso la gente se cree, que el que es artista es un ser especial, pero ¡qué va! Es alguien que trabaja e investiga muchísimo y elabora a su manera. Hay una frase preciosa de Picasso que dice “que la inspiración me pille trabajando”. Es trabajo pero nos habían vendido que la creación artística es talento, pero no.

Antes mencionaste que el arte es sacar un poco de aquí, de allá ¿tú de dónde sacas “ese poquito”?
De los afectos sobre todo, en las personas que han estado cerca de mí, de vosotros.  Pero también de la literatura. Apunto frases que me gustan y luego las transformo o me equivoco, es muy curioso, porque hay veces que en el error esta la solución.

¿Qué has sentido estos 3 últimos años cuando los alumnos han representado tus obras?
Vergüenza (Risas). Y pienso “¡Qué frase más cursi, qué mala! ¡Con lo bien que actúa, que malas frases pongo!” De hecho me voy, porque si veo a alguien del público con cara de aburrimiento o bostezando digo “¡Pobrecillo!”. Pero me gusta la música, el jaleo que hacéis, que es lo que no depende de mí.

Y del Auto de Santa Teresa, ¿Qué nos puedes adelantar?
Mira, a mí, Santa Teresa me caía fatal porque estudié en las Teresianas y siempre nos hablaban de lo maravillosa que era y tengo una imagen de una película de Santa Teresa pegando gritos y me parecía muy vanidosa e histérica. Pero me he leído muchos libros y Patricia y Jaime me han ayudado mucho, y hemos pensado en siete actos que hacen referencia a las siete moradas del castillo de Santa Teresa y a partir de ahí que siete personajes hablen de ella: tres creen que no es santa, la van a criticar (que son la princesa de Éboli, su hermano Jerónimo y un médico que piensa que es una loca); y cuatro que hablan maravillas ella (que son San Francisco de Borja, San Pablo de Alcántara, Fray Luis de León y su hermano Rodrigo.

¿Así que estos siete personajes serían como el narrador?
Sí, estos siete personajes serían el narrador, que se van a preguntar si es santa y luego se van a cuestionar qué es ser santo. Va a haber mucha música del siglo XVI, muchos personajes, bailes…, para que participéis todos y disfrutéis, porque al final se trata de que lo paséis bomba.

Ahora ya pasando un poco más a lo personal, ¿qué libro recomendarías a nuestros lectores?
No sé, te voy a decir los que a mí me han marcado, aunque creo que cada uno debe encontrar su propio libro, porque todos tenemos gustos diferentes.

Por orden. De niña, mi primer libro fue Jim Botin y Lucas el Maquinista, de Michael Ende, lo leí con 8-9 años y quise ser escritora, porque pensé la suerte que tenía Michael Ende, que todavía no era tan conocido, por tener tanta imaginación: Me daba envidia que de un cerebro salieran aquellas historias, porque yo pensaba que salían de la nada. Luego también me gustó mucho Mi planta de naranja lima, de Vastoncedos. Me lo regaló una profesora de literatura teresiana amiga de mis padres y trata sobre el tema de la pobreza en Brasil y me encantó.

Me gusta, además, muchísimo la literatura inglesa de mujeres del XIX, estas que beben té un montón. Me gusta Jane Eyre, Cumbres Borrascosas, el sentido del humor de Jane Aushen, la ironía de George Eliot…, entre muchísimos que no os podría citar ahora. El curioso incidente del perro a medianoche también es muy bueno.

Y luego, a parte, los bestsellers, que no se deben leer, pero que me encantan. Me encantaría ser una autora de bestsellers mala, pero con mucho éxito, aunque fuera malísima (Risas). Y que mi marido me admirara muchísimo, porque, gracias a mi literatura patética, nos hubiéramos forrado y nos hubiéramos ido de viaje y me hubiera encantado. Pero yo no tengo ese talento. No es tan fácil escribir eso, a pesar de que haya unos esquemas. Hay algunos con los que me he divertido un montón, como La verdad sobre el caso de Harry Quebert, La sombra del viento…luego se repiten, pero son muy buenos. Mirad los de Ken Follet. Me encantan los bestsellers, aunque no sea algo bien visto.

A nivel poético, me gusta la soledad y la ironía de una poetisa norteamericana: Emily Dickinson, la pobre era agorafóbica

¿Y tirando más para casa?
Quevedo y Lope, sobre todo algunos de sus muchos poemas, también me encanta del siglo XX Valle, pero no para divertirme, me gusta mucho pero no me divierte nada. De ese siglo, también me gustan los poemas de Machado, las novelas de Cela y Delibes…Los bestsellers españoles, como Zafón que ya he citado, me apasionan también.

¿Un sueño por cumplir?

Mis hijos, mis hijos. Son una realidad y un suelo. Son lo que más me importa.

Si me dejarais pedir varios, tres como Aladín, elegiría ser una escritora reconocida (Risas), aunque es vanidad pura.

El tercero puede ser algo humanitario, porque me he dado cuenta de que mis elecciones han sido completamente egocéntricas.
También me encantaría hablar idiomas y tocar el piano por ciencia infusa. De todos modos, aprender es divertido y te hace sentirte muy bien, como pasa cuando entiendes la asignatura que, hasta entonces, no habías sido capaz de comprender.

¿Una frase?
“Nada humano me es ajeno”, de San Agustín

A mi marido también le gusta mucho «Solo llevamos un barniz de humanidad», si rascas un poco sale la fiera que llevamos dentro. No somos santos ni mucho menos, es mejor conocerse, aunque sea patético, porque en condiciones extremas, sacaríamos todo. Imaginaos estar seis días sin comer, encerrados con 6 personas en una habitación ¿cómo nos comportaríamos? Igual no estaríamos a la altura, sólo los héroes.

Todos podemos engañar, traicionar, pero también ser muy buenos. Llevamos el bien y el mal y es imbécil creerse especial.

Según lo que hemos preguntado, a mucha gente le llama la atención tú original forma de vestir. ¿De dónde sale?

Hay a mucha gente a la que le parezco ridícula, pero os agradezco el cumplido, gracias.

Me viene de mi padre andaluz y de mi infancia castellana: me eduqué en las teresianas y el colegio era marrón, era horroroso (Risas), luego me di cuenta de que, arquitectónicamente, era precioso, pero como hasta el uniforme era marrón, me parecía muy aburrido. Sin embargo, no lo hago por rebeldía, porque no soy rebelde, sino depresivamente obediente. Creo que nace de una especie de depresión interior y de un deseo de vivir. Además, como me gusta ser corpulenta como lo era mi padre, me gusta llevar ropa que se adapte.

A veces voy muy patética y mi madre y mis hijas me regañan (Risas), porque aunque no quiero hacer el ridículo, lo hago bastante a menudo.

¿Un modelo a seguir?

Mucha gente. Aunque de niña, mi padre. Era médico y su manera de ser médico es la manera que yo quiero de ser profesora. Yo no tengo vocación de médico, pero he sido profesora como él era médico. Era maravilloso: atendía a sus pacientes sin importarle la hora del día, ni su condición social o económica, los escuchaba, daba esperanza, investigaba y estudiaba sin descanso. Su manera de vivir la medicina era de un humanismo, de una vitalidad, de una bondad…

Era por tanto, alguien excepcional, como poca gente en el mundo…

No, como poca gente no, hay un montón de gente así, más de la que parece.

Además, mi suegra, que es inglesa, sin saberlo, me enseña. Me encanta la estética de los ingleses, que lo pintan todo natural. Si tú ves revistas de muebles ingleses, ves que ponen el sofá roto, la silla con la pata torcida… como es la vida, no como aquí que es todo tan falsamente, agotadoramente y grotescamente “perfecto”.

¿Esto qué es? Pues con la ropa igual, me gusta el estilo casual, es decir, “sé agradable y no ofendas a nadie”, algo así.

Admiro muchísimo a mi marida, pero no creo q le guste q yo os hable de él. Admiro muchísimo a mis hermanas, a mis hijos, a Teresa Palazuelo, a mis amigos, a vosotros,…etc.

Para los lectores de la revista, dales un consejo. ¿Qué te dices a ti todos los días?

No soy muy buena dando consejos, pero os diría, y es muy importante, que digáis “déjame en paz” a todos los estereotipos y modas, que no pidáis perdón por no pertenecer a un canon que no sabemos quién ha decidido que es el ideal.

María Chamorro Martín, Alba Isabel Roquero y Jorge García Samartín
Iº de Bachillerato