Crecer en sabiduría y en gracia ante Dios y ante los hombres: esa es la meta de la educación en San Luis. El 22 de Abril, 65 jóvenes recibieron en el colegio el sacramento de la confirmación, administrado por el vicario episcopal Don Gil González Hernán en representación del arzobispo de Madrid. Recordamos con cariño y agradecimiento esta gran fiesta del Don del Espíritu Santo….

En el colegio, la formación espiritual de los alumnos no es un añadido, sino la raíz misma desde la que entendemos la educación. Los alumnos que recibieron este sacramento, ya dieron un paso importante el curso anterior realizando la profesión de fe y, de hecho, todo el camino que han empezado desde el bautismo –nacimiento espiritual- ha sido completado con la confirmación, recibida casi al final de su estancia en San Luis, gracias al trabajo de la pastoral del centro y, por supuesto, a las familias. (continúa el artículo después de las fotos)

Ahora bien, lo que ha culminado es la iniciación. Por lo tanto, la confirmación no es un sacramento de cierre, sino de apertura. Se completa la iniciación, para comenzar –fuera del colegio y en un ambiente que, como nos recordó nuestro vicario, no es favorable al seguimiento de Cristo- una vida en plena presencia del Espíritu.

Desde el colegio, encomendamos al padre María Eugenio (recientemente beatificado) a todos estos jóvenes. Él, que tanto amó al Espíritu Santo, nos regaló estas palabras:

Os invito a hacer un acto de fe en el Espíritu que habita en nuestras almas. El Espíritu Santo no es un pensamiento o una realidad que vive en las regiones superiores; es alguien que habita en nosotros, que es la vida de nuestra alma, el aliento viviente de nuestra alma; alguien que es el huésped de nuestra alma y que obra sin cesar en nosotros…
Y cuando entramos en nosotros mismos, como sucede siempre que nos entregamos a la oración o que examinamos nuestros sentimientos para saber a qué altura del camino nos hallamos, lo que en primer lugar y casi exclusivamente debemos buscar es al Espíritu Santo, que vive en nosotros. Aquí se halla el amigo, aquí el huésped; aquí se halla el arquitecto de la Iglesia y el artífice de nuestra santificación… Ríos de vida y de luz descienden sobre las almas por obra del Espíritu Santo, pero también gracias al alma que abre, por así decir, las esclusas divinas mediante la fe en el Espíritu Santo”.

AM